
Callejear es perder el tiempo en una sociedad donde no hay tiempo que perder. Callejear es lo más bonito que se puede hacer en una ciudad. Y en Bogotá casi no se puede: ¿una ciudad sin relato?
Esta foto no es Bogotá, es en Ciudad de México: donde la gente se atreve a filosofar en la calle y a buscar el relato en el callejear.
Callejear es andar deambulando de calle en calle sin rumbo fijo ni dirección. Y esta acción de perderse en el no-tiempo es mal vista por la ciudad productiva: una imagen aberrante de gente que pierde el tiempo en una sociedad que hace del tiempo su mayor valor.
Y es que callejear significa “vagabundear, vagar, pindonguear, pendonear, holgazanear, zanganear”. Todo no-productivo, no-Tiempo, no-Espectador, no-Espacio. Callejear es anárquico, aguante, residuo, contagio ocioso para una sociedad productiva. Pero en Ciudad de México o Buenos Aires la gente se la pasa en la calle. ¿O sea que son ciudades muy improductivas? No tal vez, sus habitantes gozan, disfrutan, imaginan mejor su ciudad.
Y es que la calle llama y gusta, y hay hasta una moda callejera: una forma de andar/vestir/actuar que se las ingenia de imprevisto, sucio, libre, desprolijo, confuso, enredado, incoherente, azaroso… algo así como si no importara la moda, como si se pretendiera sólo habitar la calle, jugar con lo imprevisto, tomar las texturas del cemento. Esa moda es farzesca porque es muy, pero muy diseñada, y se esfuerza tanto en ser de segunda-mano o del mercado del usado que termina por exhibir su pretensión de ser otro modo de estar a la moda: uno de estar a la calle: impostar la intemperie: moda callejera que estar super-mega-producido-ciudad. La moda callejera es toda una puesta en performance para parecer sin atributos.
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La calle se ha vendido como el espacio de la libertad y callejear como la acción de perderse para encontrarse, como la actitud de ser rebelde sin causa precisa, como vivir la vida al extremo de la urbanidad. Y por eso abunda el graffiti, el tag, el sticker… porque son las nuevas escrituras que expresan el deseo de incomodar a la comodidad urbana. Y se han vuelto supervisuales, ya no son de letreros como ese que decía en el cementerio: “el mundo se derrumba y yo de rumba”, ahora son imágenes que busca un registro más allá de la calle: se hacen llamar arte.
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Y la calle emociona y se canta. Y se le convierte en el lugar donde uno puede crear y vivir sin “reparar en formas tales”… por eso Juan Luis Guerra con Juanes cantan “La calle” y dicen: “Ay! que la calle está dura / Que la calle está dura / Ay! que el que no corre vuela/ Que el que no corre vuela”. Y Labordeta “A callejear” y dice: “Te levantas de la cama / un día de no hacer nada / y empiezas a caminar; / saludas a tu portero / al vecino del tercero/ y al tonto de ese lugar/ y luego, tranquilamente, / a callejear, a callejear, /que la calle es tuya y de nadie más”. Y Compañía Ilimitada, un grupo colombiano que se hizo famosos por el one hit wonder que cantaba que “en la calle, algo bueno va a pasar. Ven sale a la calle, sal a caminar (…) Ven sale a la calle, ven sale a la calle, Que allí vive tu ciudad… na na na na na na”. Y la calle llama, y la calle hace filosofía, y la calle encarna la posibilidad, y la calle es donde vive la vida, y la calle se protesta, se vive, se siente: la vida está presente.

El callejear es famoso en la filosofía porque lo inventó Walter Benjamin, el que nos heredó los modos de pensarnos en la sociedad de la cultura comunicada. Benjamin, el que ya lo dijo todo, creó la figura del PASEANTE… el Flâneur, que viene del verbo francés flâner, y significa “dar un paseo”, una persona que camina la ciudad para experimentarla… y esta idea del flâneur se ha convertido en el referente para comprender los modos de experienciar la ciudades donde callejear es una nueva forma de filosofar:
Flâneur: Término aprendido de Baudelaire. Paseante urbano, consumidor, neurasténico y algo dandi que sintetiza el anonimato de la ciudad y la economía modernas, dos elementos que imponen unas nuevas condiciones de la experiencia. Pasear es casi una nueva forma de filosofar, el viajero infatigable sabe que las ciudades tienen una historia subterránea que sólo él puede captar. Al mismo tiempo, el paseante es un resistente en la medida que su acto es ocioso y opuesto al modelo de la productividad capitalista. Caminar como una forma de recibir el relato de las cosas.
Belleza: callejear como “una forma de recibir el relato de las cosas”, un modo de contar: quien callejea encuentra el relato de su ciudad, atisba los sentidos de su habitar, experiencia su vida en el ocio de flujo, en el huir de lo productivo, en la táctica de lo efímero.
Contrabelleza: en Bogotá no se puede callejear: esta ciudad es un relato para pocos, para los que se atreven a caminarla: el turista, el reciclador, el perdido.
En Bogotá no se callejea porque la lluvia… porque el frío… porque la inseguridad… porque la policía… porque si protestas, te pegan los robocops… porque si grafiteas te mata la policía… porque si huyes los taxistas te alcanzan… porque el carro y el taxi mandan… porque los vigilantes… porque no hay por donde… porque callejear es de vagos y malentretenidos… porque en las calles de Bogotá todo asusta… tanto que ni los fantasmas se atreven a salir de noche.
La belleza de pocos: callejear en Bogotá para experimentar su filosofía y ganar su relato.
¿Cuál es el relato de Bogotá?
Claro que en Bogotá se puede hacer, de qué otro modo se entiende esta ciudad? con todos sus problemas, de qué otra forma se percibe la "real" realidad: caminando...
Bogotá es una ciudad que produce "algo" y en eso suena bien, con identidad y forma. La música cada vez tomas mas la forma de lo que cuenta... y pensándolo bien NO TENEMOS MÚSICA al estilo Bogotá, hay Cali y su grupo niche y muchos más; Barranquilla y su Lucho Bermúdez; Medellín y su Juanes... ¿Cuál será el músico o la música de Bogotá?
Algunas canciones de ROBERTO CAMARGO suenan, se oyen y se VEN como lo que es BOGOTÄ
A embutirme en una estación de Trasmi para de la cortesía bogotana disfrutar
A treparme a una buseta para el espíritu vanguardista de nuestros transportadores admirar
A gozar de los trastos, en trancones eternos, fósiles de nuestra ciudad, dad, dad, a todo eso prefiero, oh, sí, callejear
Jear, jear, ear, ear, ar, ar, rrrrrrr ¡grrrrrrrrr!
De los días radiantes, de las noches maleantes, de un pequeño riesgo, de un brioso risco, de un súbito cerro, de una birra en terraza, de un viernes en ciernes me quiero embriagar, gar, gar
Oh, yeah, me largo a callejear, de rolling voy a estar, un borondo voy a dar, de la lluvia me voy a mofar, aunque me haga resfriar, al sol la cara le voy a dar, aunque me la cobre cara, ra, ra
¿Po que no se escribe una canción sobre callejear? O, mejor dicho, búsquele música a esta parte de su texto (si le suena la idea):
En Bogotá no se callejea porque la lluvia… porque el frío… porque la inseguridad… porque la policía… porque si protestas, te pegan los robocops… porque si grafiteas te mata la policía… porque si huyes los taxistas te alcanzan… porque el carro y el taxi mandan… porque los vigilantes… porque no hay por donde… porque callejear es de vagos y malentretenidos… porque en las calles de Bogotá todo asusta… tanto que ni los fantasmas se atreven a salir de noche.
Aundre
Alguien me dijo que hasta que no se hacen fotos con una fija no se aprende a hacer fotos, a moverte para encuadrar, a tener calidad 100% y no se equivocaba demasiado, de veras disfrútala!
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